La Rebeldía del Dandy Albert Camus

La Rebeldía del Dandy Albert Camus

En su fuente viva, el romanticismo desafía en primer lugar a la ley moral y divina. Esta es la razón por la que su imagen más original no es, primero, la del revolucionario, sino, lógicamente, la del Dandy. Lógicamente, pues esta obstinación en el satanismo no puede justificarse más que por la afirmación repetida sin cesar de la injusticia y, en cierta manera, por su consolidación. El dolor, en esta fase, sólo parece aceptable a condición de que no tenga remedio.

El hombre en rebeldía elige la metafísica de lo peor, que se expresa en la literatura de la condenación de la que no hemos salido aún. "Sentía mi fuerza y sentía los grilletes" (Petrus Borel). Pero a estos grilletes se los quiere. Sin ellos, habría que demostrar, o ejercer, la fuerza que a fin de cuentas no se está seguro de poseer. Para terminar, se hace uno funcionario en Argelia, y Prometeo, como el mismo Borel, quiere cerrar las tabernas y reformar las costumbres de los colonos.formexplode efectos secundarios

Qué más da: todo poeta, para ser admitido, debe ser entonces maldito. Charles Lasailly, el mismo que proyectaba una novela filosófica, Robespierre et Jésus-Christ, no se acuesta nunca sin proferir, para sostenerse, algunas fervientes blasfemias. La rebeldía se engalana de luto y se hace admirar en las tablas. Mucho más que el culto al individuo, el romanticismo inaugura el culto al personaje. Es entonces cuando es lógico. Sin esperar ya la regla o la unidad de Dios, empeñada en unirse contra un destino enemigo, impaciente por mantener todo lo que puede serlo aún en un mundo destinado a la muerte, la rebeldía romántica busca una solución en la actitud. La actitud reúne en una unidad estética al hombre abandonado al azar y destruido por las violencias divinas. El ser que debe morir resplandece al menos antes de desaparecer, y este resplandor crea su justificación. Es un punto fijo, el único que se puede oponer al rostro en lo sucesivo petrificado del Dios de odio. El hombre en rebeldía, inmóvil, sostiene sin flaquear la mirada de Dios. "Nada cambiará -dice Milton- este espíritu fijo, este altivo desdén nacido de la conciencia ofendida". Todo se mueve y corre a la nada, pero el humillado se obstina y conserva al menos el orgullo. Un barroco romántico, descubierto por Raymond Queneau, pretende que el objeto de toda vida intelectual es convertirse en Dios. Este romántico, a decir verdad, se adelanta un poco a su época. El objeto sólo era entonces igualarse a Dios, y mantenerse a su nivel. No se le destruye, pero, merced a un esfuerzo incesante, se le niega toda sumisión.probolan 50

El dandismo es una forma degradada de la ascesis. El Dandy crea su propia unidad por medios estéticos. Pero es una estética de la singularidad y de la negación. "Vivir y morir delante de un espejo", tal era, según Baudelaire, la divisa del Dandy. Es una divisa coherente, en efecto. El Dandy es por función un oponente. Sólo se mantiene en el reto. Hasta entonces, la criatura recibía su coherencia del creador. A partir del momento en que consagra su ruptura con él, queda entregada a los instantes, a los días que pasan, a la sensibilidad dispersa. Es preciso, pues, que recobre el dominio de sí misma. El Dandy se concentra, se forja una unidad, por la fuerza misma del rechazo. Disipado en tanto que persona privada de regla, será coherente en tanto que personaje. Pero un personaje supone un público; el Dandy no puede ponerse más que oponiéndose. No puede asegurarse de su existencia más que hallándola en el rostro de los demás. Los demás son el espejo. Espejo oscurecido pronto, es cierto, pues la capacidad de atención del hombre es limitada. Debe despertársela sin cesar, espoleársela con la provocación. El Dandy está, pues, obligado a asombrar siempre. Su vocación reside en la singularidad, su perfeccionamiento en el sensacionalismo. Siempre en ruptura, al margen, obliga a los otros a crearlo él mismo, negando sus valores. Representa su vida, a falta de poder vivirla. La representa hasta la muerte, salvo cuando está solo y sin espejo. Estar solo, para el Dandy, equivale a no ser nada. Los románticos no han hablado tan admirablemente de la soledad sino porque era su dolor real, el que no puede soportarse. Su rebeldía hunde sus raíces a un nivel profundo, pero desde el Cleveland del abate Prévost, hasta los dadaístas, pasando por los frenéticos de 1830, más de un siglo de rebeldía se satisface a buen precio en las audacias de la "excentricidad". Si todos han sabido hablar del dolor, es porque, desesperando de superarlo nunca de otro modo que con vanas parodias, sentían instintivamente que era su única excusa, y su verdadera nobleza.knee active acción