El Dandy como Rebelde

El Dandy como Rebelde

En un epígrafe de L’homme révolté, Albert Camus comenzó a definir la rebelión de los dandies como un episodio fundamental de la rebelión romántica. Camus se detiene, ante todo, en el plano metafísico. La rebeldía contra el bien (que no borra la injusticia ni el dolor) y la consiguiente aceptación del Mal –de lo que no es el bien, de lo que no acepta el orden común- no como esperanza, pero sí al menos como jubiloso grito vital, sin temor ya, y sin remordimientos.

El Dandy participa, en efecto, de esa rebeldía, pero su manera no es la misma de cualquier romántico. Vive para el instante –como el héroe romántico-, porque sólo la exaltación del momento, del goce del presente le hace vivir, pero su minuto difiere del minuto del que ama la acción y en la acción se salva. El Dandy se deja ver, su actuación roza lo pasivo, aunque vive –como el héroe- en y para el instante que pasa.fatkiller

El Dandy se siente también en el bando del Mal –que, como hemos ya insinuado, es sólo el bando de la rebeldía contra la regla- el Dandy no posee la esperanza, sufre de spleen ante las tardes inacabables, el amor imposible o la desolación inexplicable;  él también participa en el grito de la inocencia ultrajada, no en vano el Satán romántico –como nos recuerda Camus-, lejos del monstruo con rabo y cuernos de los infiernos medievales, es un “adolescente joven, triste y encantador” (Vigny); bello, “de una belleza que ignora la tierra” (Lermontov). Triste y encantador, joven y bello, estamos ante la imagen de un Fabricio del Dongo, lleno de spleen, y cercano, en muchos aspectos –en las maneras, en el suave y ajeno estar recostado-, al Dandy.climax control

Pero Camus confunde, en general, al escritor o al artista que, además, fue Dandy (Byron o Baudelaire) con el ejemplo escueto del Dandy, que no tiene otra actividad que su propio dandismo.ejercicios para adelgazar

El Dandy participa –es el fondo de su actitud- de esa rebelión metafísica (Mal, gusto por el instante, desesperanza, negligencia o tristeza) que caracteriza al romántico, pero lo que le distingue del común –y dandismo es distinción- es otra cosa. El Dandy es la actitud de la rebelión romántica. No su grito. La actitud une –en su estética- los vientos contrarios del hombre que sufre el azar y la desesperanza. “El ser que debe morir resplandece al menos antes de desaparecer, y este resplandor le justifica” (Camus). Esta estética de la singularidad y de la negación es la actitud del Dandy y el elemento más propio de su rebeldía. Rebeldía que afecta, sobre todo, a la moral, a las convenciones, a las reglas. Pero siempre en mesura, en elegancia, en pose. El Dandy no es un revolucionario, sino un rebelde. Bajo su apariencia, late la armonía de la insurrección del Mal. Desasido de todo (también de la esperanza), el Dandy halla la armonía en sí mismo, en su desafío, en su estética, en sus corbatas, en su personaje. Se mira en los demás y se distancia. El Dandy no se integra jamás, porque la sorpresa, el deslumbramiento (que es rasgo definitorio de su estilo) lo impiden. Sorprendiendo a los demás, el Dandy se aleja y así cuestiona, ataca al baluarte de la norma. Aunque ataca sin gritos. Desclasado, apartado de la sociedad (aunque juegue o actúe dentro de ella), el Dandy es la negación de la moral común en favor de otra moral, cuya única base es el individuo mismo. Sus trajes, sus maneras, sus abandonos, la majestad de sus guantes o sus impertinencias son la manifestación de esa actitud y rebeldía.bliss hair opiniones

De la rebelión metafísica del Dandy llega –y esto es lo que le distingue- a la rebelión concreta contra una sociedad y contra el bien de sus maneras. Se aparta de ella, es individual y, en su brillo –solitario, nostálgico, altivo-, se justifica. Singularidad, negación y fulgor que declina son los semas de la rebelión del Dandy.varyforte en farmacias

Sólo desea su propia luz. Luz que-sabe- deberá extinguirse. Su pose, su brillo, su elegancia son su desafío. Romántico, siempre individual, desesperado.

Del dandismo como rebeldía parte la idea del artista creador de una actitud, del artista como ejemplo (aunque este ejemplo pueda ser después la bohemia, el vagabundaje, o la droga).

“El romanticismo demuestra”, dice Camus, “que la rebelión surge unida al dandismo; una de sus direcciones es la apariencia”. El Dandy es, pues, la actitud de una rebeldía: el romanticismo individualista. Se opone al papel social, a la dicotomía sexual (el Dandy entra a menudo en el terreno de lo llamado “femenino”), a la uniformidad, al colectivismo, a las reglas y a la moral. El dandismo es el estilo, la manera, el Mal e incluso la ética que se opone a una ancha sociedad codificada.